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lunes, 2 de julio de 2012


La eutanasia otra vez en la boca de las personas
La eutanasia es un tema que actualmente ha vuelto a colocarse en el centro del debate público, debido a la aprobación de la “ley  de muerte digna” en la hermana nación de la Argentina, el 10 de Mayo del 2012.

Pero antes de tomar una postura frente a tan delicado tema, es bueno al menos tener una cierta noción de lo que realmente implica dicho termino, ya que, en repetidas ocasiones, como con muchos otros temas, formulamos nuestras argumentaciones con una o dos ideas que hemos escuchado al paso, y no luego de una investigación de parte nuestra. Esto, muchas veces podría resultar bastante  si sentido, ya que disponemos de toneladas de información, toda a nuestra alcance con solo un click. 
Empecemos  definiendo lo qué es la eutanasia. Etimológicamente, eutanasia (del griego "eu", bien, "Thánatos", muerte) no significa otra cosa que buena muerte, bien morir, sin más. 

Sin embargo, esta palabra ha adquirido desde antiguo otro sentido, algo más específico: procurar la muerte sin dolor a quienes sufren. Pero todavía este sentido es muy ambiguo, puesto que la eutanasia, así entendida, puede significar realidades no sólo diferentes, sino opuestas profundamente entre sí, como el dar muerte al recién nacido deficiente que se presume que habrá de llevar una vida disminuida, la ayuda al suicida para que consume su propósito, la eliminación del anciano que se presupone que no vive ya una vida digna, la abstención de persistir en tratamientos dolorosos o inútiles para alargar una agonía sin esperanza humana de curación del moribundo, etc. 
Por tanto, detenernos sólo en la idea de que la eutanasia implica procurar la muerte sin dolor a quienes sufren es contradictorio. Esto ha conducido hoy en día a entenderla como el llamado homicidio por compasión, es decir, el causar la muerte de otro por piedad ante su sufrimiento o atendiendo a su deseo de morir por las razones que fuere. 

Sin embargo, en el debate social acerca de la eutanasia, no siempre se toma esta palabra en el mismo sentido, e incluso a veces se prefiere, según el momento, una u otra acepción para defender tal o cual posición. Esto produce con frecuencia la esterilidad del debate y, sobre todo, grave confusión en el común de las gentes. 
Esto lleva a que nos revisemos a nosotros mismo, para descubrir que es lo que entendemos por eutanasia ya que según la significación que le demos, nos resultará un crimen inhumano o un acto de misericordia solidario.
No se puede ignorar, sin embargo, que en el debate público también se da no pocas veces, por parte de los patrocinadores de la eutanasia, una cierta manipulación - querida o no - de las palabras, cuyo resultado es presentar ante la opinión pública la realidad de la eutanasia como algo más inocente de lo que es (se dice "muerte dulce", "muerte digna"), y propiciar así su aceptación social; como si no existiera, o fuera secundario, el hecho central de que en la eutanasia un ser humano da muerte a otro, consciente y deliberadamente, por muy presuntamente nobles o altruistas que aparezcan las motivaciones que lo animen a ejecutar tal acción y por poco llamativos que sean los medios que utilice para realizarla. 

Todo esto no quiere decir que el debate sobre la eutanasia dejaría de existir si todos hablásemos de lo mismo y otorgásemos al término idéntico significado. El debate también se produciría aun cuando por eutanasia todos entendiesen una sola cosa: el causar la muerte de otro, con su consentimiento o no, para evitarle dolores físicos o padecimientos de otro tipo, considerados insoportables. 
Ahora, si entendemos  la eutanasia de esta manera, ¿no sería cosificar al ser humano, de ser un ser único e irrepetible, y, por tanto, de poseer un valor personal reducirlo a una cosa de la que se puede disponer como mejor convenga según las circunstancias? Y por tanto ¿no resultaría siempre una forma de homicidio? 
Y es que esta es la mejor definición de eutanasia, ya que esta contiene los elementos esenciales que la configuran:
1.- Que la muerte ha de ser el objetivo buscado, ha de estar en la intención de quien practica la eutanasia: no es eutanasia, por tanto, el aplicar un tratamiento necesario para aliviar el dolor, aunque acorte la expectativa de vida del paciente como efecto secundario no querido, ni puede llamarse eutanasia al resultado de muerte por imprudencia o accidente; 
2.- Que puede producirse por acción (administrar sustancias tóxicas mortales) o por omisión (negarle la asistencia médica debida); ha de buscarse la muerte de otro, no la propia. Por lo cual no se considera el suicidio como forma peculiar o autónoma de eutanasia.

Alguien, sin embargo, podría pensar que este significado es muy estricto, a lo cual se puede responder que más que estricto es preciso, ya que, sólo definiendo con precisión un término, la realidad por él explicada, llega con la mayor claridad posible a la mente del interlocutor; y además , porque este significado coincide también con lo que los patrocinadores de la legalización de la eutanasia quieren que prospere: que se legitime el que un hombre dé muerte a otro dadas ciertas circunstancias. 


Se debe aún hacer una aclaración, esta es respecto a la distanasia o encarnizamiento terapéutico, la cual busca frente a todos los medios aplazar durante un tiempo la muerte que ya es inevitable, añadiendo a los sufrimientos propios de la enfermedad otros, producto de estos tratamientos,  generando unas condiciones lamentables para el enfermo.
Esto nos hace pensar en los casos famosos que llegaron ante los tribunales, como son el de Terri Schiavo y Eulana  Englaro. Ambas mujeres murieron por inanición y deshidratación días después de que se les suspendiera los cuidados básicos de alimentación e hidratación por medio de sondas, luego de que las autoridades decidieran aplicar la eutanasia.


Esto, por ejemplo, nunca podría considerarse encarnizamiento terapéutico, ya que, si bien es cierto, llevaban muchos años conectadas a sondas, no murieron por consecuencias de su propia enfermedad, sino de hambre o de sed, con lo cual se cometió eutanasia  al quitarles deliberadamente  la vida.


Para finalizar podemos citar los principales argumentos para justificar la eutanasia los cuales son principalmente los siguientes:
·el derecho a la muerte digna, expresamente querida por quien padece sufrimientos atroces; 

·el derecho de cada cual a disponer de su propia vida, en uso de su libertad y autonomía individual; 


·la necesidad de regular una situación que existe de hecho. Ante el escándalo de su persistencia en la clandestinidad; 

· el progreso que representa suprimir la vida de los deficientes psíquicos profundos o de los enfermos en fase terminal, ya que se trataría de vidas que no pueden llamarse propiamente humanas; 



·la manifestación de solidaridad social que significa la eliminación de vidas sin sentido, que constituyen una dura carga para los familiares y para la propia sociedad. 

No todos los partidarios de la eutanasia comparten todos estos argumentos; pero todos, en cambio, comparten los dos primeros, y a menudo el tercero. 

En conclusión, podemos decir que muchos de los que favorecen la legalización de la eutanasia desconocen su significado con precisión, y, otros muchos, se han encerrado en una postura reduccionista del hombre, que le otorga a este, un valor instrumental (de cosa), desentendiéndose de su valor único e irrepetible. Cuando caemos en cuenta de esta hermosa realidad, la eutanasia resultada menos atractiva y su justificación tiene menos sentido.

   

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